La ciudad también se cocina.
Ser chilango es vivir entre muchas procedencias. La cocina de la ciudad recibe ingredientes, técnicas, recetarios y costumbres de todo México, los mezcla con la vida cotidiana y los vuelve parte de una mesa propia.
Una mesa hecha de muchas regiones.
En Nicos, la cocina chilanga no busca representar al país con una colección de símbolos. Se construye desde recetas concretas, temporadas, mercados y maneras de comer que llegaron a la capital y encontraron un lugar en casa.

El producto tiene origen.
Cada ingrediente trae consigo un territorio y un trabajo. La relación con pequeños productores permite mirar la cocina desde el campo, la cosecha, el transporte y la temporada, no solo desde el plato terminado.

La temporada decide.
Hay recetas que solo tienen sentido cuando llega el producto correcto. Las sugerencias del día y los festivales regionales permiten que la carta se mueva sin perder su centro.
Servir también es oficio.
La hospitalidad forma parte de la receta. Preparar en la mesa, explicar un platillo, reconocer a quien vuelve y cuidar el ritmo del salón son maneras de cocinar la experiencia sin volverla espectáculo.
